TRABAJO PRÁCTICO[1]
¿Cuál es la condición de un intelectual crítico? ¿Es suficiente la intención de serlo?
En esta entrevista Pierre Bourdieu plantea que es necesario analizar el contexto socio-histórico a partir del cual nos constituimos como intelectuales y develar el sentido social de nuestra función en el marco de la producción científica. Apelar a la historia objetivada y a la historia incorporada, es decir, al habitus, son los conceptos en los cuales se sostiene esta fundamentación.
Te pedimos que reflexiones sobre este análisis y lo incorpores al debate acerca de las condiciones de posibilidad de una pedagogía crítica: de la resignación a la utopía.
10- “Los intelectuales hoy”[2]
PIERRE BOURDIEU
“Es importante tener en cuenta el hecho de que el sujeto de la ciencia forma parte del objeto de la ciencia, que ocupa un lugar en él. Sólo se puede comprender la realidad social con la condición de dominar, por el análisis teórico, los efectos de la relación con la práctica que está inscripta en las condiciones sociales de cualquier análisis teórico de la práctica, realmente por análisis teórico y no, como muchas veces se cree, por una forma cualquiera de participación práctica o mística de la práctica (‘pesquiza participante’, ‘intervención’...) Así, los rituales –posiblemente la mayor práctica de las prácticas una vez que son hechos de manipulación y de gesticulaciones, de toda una danza corporal- tienen todas las posibilidades de ser mal comprendidos por personas que, no siendo bailarines o gimnastas, tienden a ver en ellos una especie de lógica, de cálculo algebraico.”
“Contra la ilusión del ‘intelectual sin lazos ni raíces’ o de clasificar lo inclasificable, que es de cierto modo la ideología profesional de los intelectuales, recuerdo que los intelectuales son, en cuanto detentores del capital cultural, una fracción (dominada) de la clase dominante y que muchas de sus tomas de posición, en materia de política por ejemplo, se deben a la ambigüedad de su posición de dominados entre los dominantes. Recuerdo también que, pertenecer al campo intelectual implica intereses específicos, puestos académicos o contratos de edición de informes o posiciones en la Universidad, pero también señales de reconocimiento y gratificaciones, muchas veces imperceptibles para quien no es miembro de ese universo, pero por los cuales se posibilitan todo tipo de constreñimientos y censuras sutiles.”
“Hay algo de patético en la docilidad con la cual los ‘intelectuales libres’ se apresuran en adaptar sus disertaciones a los temas obligatorios del momento, como son hoy el deseo, el cuerpo o la seducción. Y nada es más fúnebre que la lectura 20 años después, de esos ejercicios impuestos de concurso que son reunidos, en un conjunto perfecto, en números especiales en las grandes revistas ‘intelectuales’.”
“Creo que el intelectual tiene el privilegio de estar situado en condiciones que le permiten trabajar para conocer sus determinaciones genéricas y específicas. Y, de ese modo, librarse de ellas (por lo menos parcialmente) y ofrecer, a los otros, medios de liberación. La crítica de los intelectuales, si es que hay crítica, es el inverso de una exigencia, de una espera. Me parece que es bajo la condición de que conozca y domine lo que lo determina que el intelectual puede cumplir la función que muchas veces se atribuye de manera puramente usurpadora.”
“Insertar al sujeto de la ciencia en la historia y en la sociedad, no es condenarse al relativismo; es crear las condiciones de un conocimiento crítico de los límites del conocimiento, que es la condición del verdadero conocimiento.”
“Es muy común que los intelectuales se aprovechen de la competencia que les es socialmente reconocida para hablar con una autoridad que supera mucho los límites de su competencia técnica, en especial en el campo político. Los intelectuales se atribuyen una legitimidad que muchas veces les es dada porque poseen títulos, títulos escolares que son los títulos de nobleza de nuestras sociedades. Ellos se atribuyen el derecho usurpado de legislar sobre todas las cosas en nombre de una competencia social que, muchas veces, es totalmente independiente de la competencia técnica que ella parece indicar”.
“En verdad, yo me esfuerzo por demostrar que lo que se llama ‘social’ es del principio al fin, historia. La historia está inscripta en las cosas, o sea en las instituciones (las máquinas, los instrumentos, el derecho, las teorías científicas, etc.) y también en los cuerpos. Todo mi esfuerzo tiende a descubrir la historia donde ella se esconde mejor: en los cerebros y en los pliegues del cuerpo. El inconsciente es historia. Es también el caso, por ejemplo, de las categorías de pensamiento y de percepción que aplicamos espontáneamente al mundo social.”
“Algunos se preguntan a veces por qué los dominados no son más revoltosos. Basta tener en cuenta las condiciones sociales de producción de los agentes y de los efectos durables que ellas ejercen al registrarse en el temperamento, para comprender que personas que son producto de relaciones sociales indignantes, no son necesariamente tan revoltosas cuanto serían si, siendo producto de condiciones menos indignantes (como la mayoría de los intelectuales) fueran enseguida puestas en esas condiciones”.
“Cuando no hay muchas cosas más que perder, especialmente en materia de ilusiones, es hora de formular todas las preguntas que fueron censuradas por mucho tiempo en nombre de un optimismo voluntarista, muchas veces identificado con las disposiciones progresistas.”
“Quien aumenta su ciencia –como decía Descartes- aumenta su dolor. Y el optimismo espontaneísta de los sociólogos de la libertad muchas veces no es más que un efecto de la ignorancia. La ciencia social destruye muchos engaños pero también muchas ilusiones. Sin embargo, dudo que exista otra libertad real amén de aquello que el conocimiento de la necesidad torna posible. La ciencia social no cumpliría mal su contrato si pudiera erguirse al mismo tiempo contra el voluntarismo irresponsable y contra el cientificismo fatalista; si ella pudiera contribuir, por menos que fuese, para definir el ‘utopismo racional’ capaz de echar mano del conocimiento de lo probable para provocar el advenimiento de lo posible.”
[1] La transcripción de algunos fragmentos de este artículo tiene objetivos didácticos y posibilita el acceso de los estudiantes al mismo.
[2] Entrevista realizada a Pierre Bourdieu el 4 de mayo de 1980 por Didier Eribon; traducida en 1991 para el Nº 8 de la Revista Zona Erógena por María Cecilia Maggi.