1- Consideraciones en torno al acto de estudiar 2- ¿Es posible otro proyecto educativo?
3- El Estado seductor 4- No es natural
5- Planolandia 6- Es peligroso educar para el trabajo y no para la vida
7- Saberes y conocimientos en la resignificación social de la escuela 8- Referencia acerca del informe del instituto de estadísticas de la UNESCO
9- La pedagogía del oprimido treinta años después 10- “Los intelectuales hoy”

 

TRABAJO PRÁCTICO

             Por los tiempos y las necesidades del aprendizaje, seleccionamos un capítulo de una de las últimas producciones  de Paulo Freire, “Pedagogía de la autonomía”,  en el cual recupera algunos de los conceptos básicos de su teoría. Te recomendamos que leas “Pedagogía del oprimido”  ya que no sólo es un ‘clásico’ de la pedagogía sino que vas a comprender mejor el pensamiento del autor.

            Esta entrevista plantea la vigencia de los dos polos de la relación “opresor-oprimido” a treinta años de haberse enunciado.  Extraemos algunos fragmentos para que los relaciones e integres al debate. 

 

9- La pedagogía del oprimido treinta años después[1]

PAULO FREIRE[2]

 

            “El discurso llegó (...) afirmando, entre otras cosas, que la historia se terminó y que la historia que está ahí no es la historia que estaba y ni siquiera es la continuidad de la historia que estaba.  (...) Es un discurso donde no hay más lugar para las ideologías, no hay lugar para las clases sociales y, por lo tanto, no hay lugar para los conflictos, para la lucha de las clases. Y si no hay clases sociales y lucha de clases, se acabaron los polos antagónicamente contradictorios. Todo es la misma cosa. Y si todo es la misma cosa, por ejemplo, no hay por qué no creer  que un político reaccionario cambió; cambió para mejor porque suavizó o matizó el discurso, porque habla de temas supuestamente modernos, aunque su práctica siga siento autoritaria y discriminatoria”.

 

            “Me resisto a pensar que se acabó el sueño socialista porque constato que las condiciones materiales y sociales que exigieron ese sueño están ahí: sigue habiendo miseria, injusticia y opresión. Y eso el capitalismo no lo resuelve sino para una minoría. Creo que nunca en nuestra historia el sueño socialista fue tan visible, tan palpable y necesario como hoy, aunque, tal vez, sea de mucho más difícil concreción.”

            “Pero quiero explicar por qué el sueño es posible y no puede ser abandonado: creo que es posible precisamente porque ahora, por primera vez, tenemos la posibilidad de comenzar todo de nuevo, sin la referencia al paradigma negativo del socialismo soviético, sin la figura autoritaria dentro de la cual emerge el llamado socialismo real. El discurso contra la utopía socialista –el discurso liberal o neoliberal- necesaria y obviamente enaltece el avance del capitalismo. (...) El capitalismo en sí es nefasto, es perverso, pero la moldura democrática dentro de la cual se desarrolló es una gran conquista de la humanidad. El mayor error de las izquierdas fue no haber percibido que, históricamente, no tenía por qué haber antagonismo entre socialismo y democracia. Yo no creo en ese antagonismo; por el contrario, sigo diciendo que la gran cualidad del capitalismo no le pertenece, sino que le pertenece a la democracia, democracia que las izquierdas ingenuamente atribuyeron a la burguesía. (...) ahora es el turno de lanzarnos a la reconstrucción de la lucha por el socialismo, no obstante, a través de procedimientos democráticos.”

  

            “Más allá de eso, es preciso aprender a superar el pragmatismo muy ligado al autoritarismo con el cual las izquierdas concebían la historia; o sea, se concebía la historia no como posibilidad, sino como determinismo. Es necesario que vivamos la historia como posibilidad, comprendiendo que el futuro no es inexorable, que el futuro es problemático y que debe ser construido porque no está pre-construido, ya dado. En la medida en que se entiende a la historia como posibilidad, como futuro que se problematiza, necesariamente superamos el dogmatismo mecanicista y pasamos a comprender el importantísimo papel de la conciencia, el papel de la subjetividad en hacer la historia.”

 

            “En el pasado, fui criticadísimo por los mecanicistas precisamente porque desde el comienzo de mis actividades pedagógicas y políticas valoré el papel de la conciencia y enfaticé la naturaleza inalienable de la individualidad de los sujetos. Me parece que la raíz de la democracia está en este tipo de concepción y de práctica.”

 

            “En resumen, creo que una de las cosas que nos colocan hoy en el fin de siglo es exactamente el coraje de seguir trabajando, la necesidad de seguir luchando por la superación de las condiciones históricas que mantienen la opresión económica y social. En este sentido, le diría sin ninguna arrogancia que la Pedagogía del oprimido es hoy más actual que hace treinta años, cuando fue publicada. Es que ése es el clima: el clima histórico no es aquel que llora o conmemora la desaparición del sueño socialista, sino aquel que afirma la necesidad y la posibilidad de concreción de ese sueño.”

 

            “(...)Me parece que es imposible comprender la vida histórica, social y política de hombres y mujeres fuera del gusto y de la necesidad de saber. Sólo que ése es un saber del que somos sujetos, inventores, creadores y es un saber que no termina, que acompaña el proceso individual y social de las personas en el mundo y que no escapa a la politicidad del mundo. Quiero decir, es imposible estar en el mundo apolíticamente, neutralmente. Hay siempre valoración, comparación, hay siempre elección que demanda decisión, ruptura y todo eso tiene que ver con la forma de ‘estar siendo’ en el mundo, que es una forma profundamente política. (...) La historia tiene una horizontalidad que no significa repetición, ni perpetuación, sino continuidad. O sea, hay una relación de continuidad en el proceso histórico que no puede sufrir una ruptura que signifique el advenimiento de algo absolutamente inédito.”

 

            “En el discurso dominante hoy, el saber nuevo y necesario es un saber profesional y técnico que ayude a sobrevivir a las camadas populares, sobre todo en el Tercer Mundo. Sin embargo, yo digo: no, no es sólo eso. (...) el saber fundamental continúa siendo la capacidad de develar la razón de ser del mundo y ése es un saber que no es superior ni inferior a otros saberes, sino que es un saber que elucida, que desoculta, al lado de la formación tecnológica. Por ejemplo, estoy convencido de que, si soy un cocinero, si quiero ser un buen cocinero, necesito conocer muy bien las modernas técnicas de cocinar. Pero necesito sobre todo saber para quién cocino, en qué sociedad cocino, contra quién cocino, a favor de quién cocino. Y ése es el saber político que la gente tiene que crear, cavar, construir, producir para que la posmodernidad progresista se instale y se instaure contra la fuerza y el poder de otra posmodernidad que es reaccionaria”.

 

[1] La transcripción de algunos fragmentos de este artículo tiene objetivos didácticos y posibilita el acceso de los estudiantes al mismo.

[2] Entrevista que Dagmar Zibas, de la Fundación Carlos Chagas, San Pablo, Brasil, le realiza a Paulo Freire.