“Es importantísimo para cualquier disciplina entender cómo funciona el mundo en la vida real, más allá de los textos”

Cada 11 de febrero invita a mirar la ciencia con otra perspectiva: la de las mujeres y las niñas que la piensan, la investigan y la transforman todos los días. Esta fecha, impulsada a nivel internacional, busca visibilizar su trabajo, promover su participación plena y seguir achicando las brechas de género en los campos científicos y tecnológicos.

En la UNLZ, ese compromiso tiene nombres propios. Investigadoras de distintas facultades construyen conocimiento, abren caminos y se convierten en referencia para nuevas generaciones. En esta serie, conversamos con ellas sobre su recorrido, los desafíos del presente y el impulso que puede despertar vocaciones científicas en otras mujeres y niñas.

Berenice Cappiello es estudiante de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNLZ. Forma parte del proyecto de investigación con el MIT LIFT LAB del Massachusetts Institute of Technology. Su trabajo se centra “en el relevamiento y análisis de datos de micro y pequeñas empresas del sector minorista, con foco en variables claves para su desempeño, como costos y ventas”. El proyecto, nos cuenta, “busca generar evidencia empírica que permita diseñar estrategias más efectivas para impulsar su crecimiento, formalización y sostenibilidad”.

-¿Qué te llevó a dedicarte a la investigación y cómo fue tu recorrido hasta llegar a este lugar?

Honestamente, nunca pensé en dedicarme a la investigación. De hecho, pensaba que no era la persona más idónea para participar en el proyecto, dada mi poca experiencia. Pero me atrajo justamente eso: aprender. Necesitábamos dominar herramientas como Power BI o Tableau para la visualización y el análisis de datos, y el equipo del MIT iba a capacitarnos en ambas. Decidí anotarme, a ciegas, solamente por el afán de aprender y representar a la Universidad frente a profesionales del MIT, una institución de semejante renombre internacional. Cuando me avisaron que efectivamente formaba parte del proyecto no podía más de la emoción. Ese mismo día me llamaron desde una de las famosas Big 4 a la que había aplicado para una pasantía de verano, para avisarme que también quedé. Te imaginarás mi corazón ese día…

Desde entonces la vida me dio mil vueltas: representé a la Facultad en el Consejo Profesional de Ciencias Económicas de CABA en las Competencias Universitarias 2025, algo a lo que también me metí por vivir la experiencia y poner a prueba mi conocimiento, y que salió sorprendentemente bien. Entendí que para todo hay que simplemente animarse, y que los desafíos me hacen sumamente feliz. Después de 3 años de carrera voy buscando misiones secundarias.

La semana pasada volví a los negocios para continuar con los relevamientos presenciales, y ahora estoy preparando la presentación preliminar con las primeras observaciones.

-¿Hubo alguna persona o experiencia que haya sido clave para que siguieras este camino científico?

Sinceramente, no hubo una persona o experiencia puntual que haya sido una inspiración determinante para dedicarme a la investigación. Pero sí recuerdo a una profesora, la Dra. Marcela Lepore, que nos habló de su tesis en Responsabilidad Social Empresaria, y recuerdo que me gustó la idea de especializarme en un área en particular de mi carrera, lo suficiente para hacer una tesis doctoral, algo que requiere un trabajo de investigación.

Sí me motivó mucho saber que íbamos a realizar trabajo de campo. Creo que es importantísimo para cualquier disciplina el entender cómo funciona el mundo en la vida real más allá de los textos, y es algo que pude ver en la investigación: la competencia, las regulaciones legales, la conducta del consumidor, los monopolios. Son factores que efectivamente influyen en el funcionamiento de las empresas, y verlos en la vida real creo que es imprescindible.

-¿Qué desafíos sentís que enfrentan hoy las mujeres en el ámbito científico y cómo los transitaste vos?

Creo que no puedo hablar en nombre de todas las mujeres, pero mi experiencia en el ámbito científico fue positiva. Por lo menos desde una perspectiva social, entre pares. Sí puedo hablar de una experiencia muy personal, quizás más interna, de la que no he escuchado hablar ni mencionar, y que también considero importante.

El famoso «síndrome del impostor», una tendencia crónica a sentir que no merecemos el lugar en el que estamos, quizás porque «otros lo harían mejor» u «otros lo merecen más». Es una sensación de inseguridad muy frustrante, que en varias ocasiones me ha hecho replantearme mis propios logros. Afortunadamente y después de mucho trabajo personal, puedo decir que ese desafío interno se supera con la experiencia. A medida que me fui animando e involucrando más en el proyecto, en el trabajo o incluso en la facultad, entendí que si estoy acá es por algo, y me esfuerzo todos los días por seguir ganándolo.

-¿Por qué creés que es importante que haya más mujeres investigando y produciendo conocimiento?

Creo que es importante que haya, en general, más proyectos de investigación en los que podamos participar para aprender y generar conocimiento. Independientemente del género, cualquier mente curiosa y hambrienta de conocimiento debería apoyarse, fomentarse y premiarse. Sí es cierto que debería reconocerse más el trabajo de las mujeres, que es el más difícil de encontrar en los libros de historia. Pero en la actualidad, creo que no hay mayor acto de valentía y honor a las mujeres de la ciencia que presentar nuestras ideas con seguridad, confianza y criterio, y demostrar que las mentes brillantes no dependen de ninguna etiqueta.

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