“Que haya más mujeres produciendo conocimiento sirve para crear nuevos referentes”

Cada 11 de febrero invita a mirar la ciencia con otra perspectiva: la de las mujeres y las niñas que la piensan, la investigan y la transforman todos los días. Esta fecha, impulsada a nivel internacional, busca visibilizar su trabajo, promover su participación plena y seguir achicando las brechas de género en los campos científicos y tecnológicos.

En la UNLZ, ese compromiso tiene nombres propios. Investigadoras de distintas facultades construyen conocimiento, abren caminos y se convierten en referencia para nuevas generaciones. En esta serie, conversamos con ellas sobre su recorrido, los desafíos del presente y el impulso que puede despertar vocaciones científicas en otras mujeres y niñas.

Claudia Minnaard es Doctora en Educación y Magister en Metodología de la Investigación Científica. Actualmente dirije dos proyectos de investigación desde el Instituto de Investigaciones de Tecnología y Educación (IITE – Centro asociado CIC) en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora: Diseño de objetos de aprendizaje utilizando metodologías activas, que favorezcan la retención de los estudiantes de la FIUNLZ, en el marco de un plan de estudios por competencias; y Herramientas de Inteligencia Artificial aplicadas a la enseñanza en carreras científico tecnológicas, en un plan de estudios por competencias centrado en el estudiante.

– ¿Qué te llevó a dedicarte a la investigación y cómo fue tu recorrido hasta llegar a este lugar?

A partir de las investigaciones sobre las prácticas docentes surge el Instituto de Investigaciones de Tecnología y Educación, del cual formé parte como integrante y actualmente dirijo. Así, desde el año 2009, me dedico a la investigación junto con mis tareas docentes.

– ¿Qué desafíos sentís que enfrentan hoy las mujeres en el ámbito científico y cómo los transitaste vos?

A pesar de los avances en la democratización del conocimiento, el ámbito científico sigue presentando barreras estructurales y simbólicas que dificultan la equidad de género. Los desafíos actuales tienen que ver con las fuentes de financiamiento, así como el «techo de cristal». En mi caso particular siempre he tenido fuerte apoyo para el desarrollo de las investigaciones, así como la posibilidad de mostrar nuestras producciones en distintas publicaciones y congresos.

– ¿Qué cambios te gustaría ver en el futuro para que más mujeres y niñas puedan desarrollarse en ciencia?

Los desafíos de las mujeres en la ciencia son una amalgama de herencias históricas y estructuras burocráticas modernas. Superarlos requiere no solo de la resiliencia individual, sino de una transformación sistémica que valore la diversidad como un activo indispensable para la innovación. El tránsito personal por estos espacios es, en última instancia, un acto de resistencia y una contribución a que las futuras generaciones encuentren un terreno más fértil y equitativo.

– ¿Por qué creés que es importante que haya más mujeres investigando y produciendo conocimiento?

La realidad es que cada persona investiga desde donde está parada. Durante siglos, la ciencia tuvo una mirada mayoritariamente masculina, lo que hizo que se pasaran por alto un montón de cosas. Por ejemplo, en medicina se estudiaron los infartos basándose en síntomas de hombres, y muchas mujeres morían porque sus síntomas eran distintos y nadie los había investigado seriamente. Cuando una mujer entra a un laboratorio o a un equipo de investigación, trae preguntas que a un varón quizás nunca se le ocurrieron porque no son parte de su realidad. Un equipo mixto es mucho más creativo y tiene más herramientas para encontrar respuestas innovadoras porque combina experiencias de vida distintas.

Básicamente, la diversidad nos hace más inteligentes como grupo. Si las chicas jóvenes no ven a mujeres liderando proyectos o ganando premios, es probable que piensen que ese mundo no es para ellas. Que haya más mujeres produciendo conocimiento sirve para crear nuevos referentes. Esto genera un efecto contagio: más talento joven se anima a entrar, y eso termina beneficiando a todo el sistema científico.

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